lunes, 24 de agosto de 2009

Forsaken


Una ráfaga de aire gélido petrificó su rostro dejando, para siempre, aquella imagen congelada en su memoria. Una casa de madera que parecía estar pasando sus últimas horas en pie, y que si se sostenía era por el hielo y la nieve agolpados contra sus cimientos. Una luz tenue era todo el atrezzo necesario para completar la escena, en sus -15º. El viaje había sido horrible, vuelos retrasados, conexiones perdidas, y ahora esto. "Se ponía complicado ir a peor", fue el pensamiento de aquel africano que llegaba a tan remoto lugar para trabajar. ¿Habría sido buena idea? Más bien una parada loca. Mucho peor que imaginarse cruzar el Cabo de Hornos y el de Buena Esperanza en la misma patera, del tirón. Estaba cansado, sí. Y lejos de casa. ¿Quién sabe? El invierno no iba a ser perpetuo, y seguro que en alguna época del año se estará mejor. Al fin y al cabo, tenía que comenzar de cero en este nuevo sitio.

A pesar del cansancio, un atisbo de optimismo iluminó su noche, que le permitió echarse a dormir. Mañana sería otro día, el primero de su nueva vida, lejos de todo y de todos.

Fuente: aquí

3 comentarios:

Yandros dijo...

Pues que tenga suerte en esta nueva vida!
Un saludo compañero!

kel dijo...

Que difícil es empezar de cero, lejos de casa y más con ese panorama. Me ha traído recuerdos de mis primeros días de exilio, sin tanto frío pero la misma soledad.
Como consuelo para el africano: tarde o temprano al invierno lo acaba apartando a codazos la primavera.

Carlos dijo...

Y llegan a parecer todo un océano cruzar los escasos 14 kms del Estrecho.
Tu relato es un gran homenaje no solo a quienes luchan por sobrevivir sino tambien a los voluntarios que les ayudan a conseguirlo.

Muy bueno quillo!