lunes, 10 de agosto de 2009

Ni pa ti ni pa mi


-¿Quieres morir?

-Si.

Fugazmente, se le abrieron los ojos como platos; pero recuperó la pose instantáneamente. O eso creía. Hasta este momento, la pequeña oscuridad que relucía en los cañones de sus arcaicas pistolas habían sido suficiente para amedrentar a los viandantes, pero nunca se había planteado el cruzarse con un suicida. Alargó el pulgar para tensar el percutor, poniendo su propio farol incandescente: ni siquiera sabía si aquellos trabucos dispararían, o si le reventarían en la mano. Pero tenía su reputación, aquel era su territorrio, si alguien se enteraba de que no constituía una amenaza le cazarían en menos de una semana. Y ya habían pasado tres años desde que se echara al monte, la guardia civil y los grises le tenían en la lista de buscados, y no se andaban con chiquitas... o salía de esta, o él mismo estaba sentenciado.

- Me llevaré tu bolsa, estés vivo o muerto. Muriendo no arreglarás nada.

-Da igual, acaba conmigo o aparta de mi camino.- Dijo el viajero, una voz fría como el acero, sin tono ni sentimiento alguno.

Estiró los brazos, acercando los pistolones y apuntando al pecho del osado-o inconsciente- viajero.

-¡Dispara ya! ¡Cobarde!

Aquello era demasiado; pero no tenía opción: se acabó el farol y asaltar a los viajeros, a partir de ese momento sería un auténtico fugitivo y culpable de asesinato...

¡BANG BANG!

Su mano derecha estalló en dolor, y el maki aulló. Miró y apenas reconoció su propia mano, distinguiendo los huesos ensangrentados y algún resto de carne. Estuvo a punto de desmayarse, pero no podía permitírselo, sabía que de algún modo tenía que cauterizar la herida. Se fue alejando lentamente entre dolores, sin comprobar que con la otra mano había acertado entre ceja y ceja a aquel insensato; la sangre brotaba por su rostro. Y la bolsa se rasgó al caer al suelo, desvelando el amarillo brillante del oro: habría sido el golpe de gracia que hubiera permitido al maki huir a Francia y empezar una nueva vida. Pero en aquel encuentro, todos perdieron.


6 comentarios:

Neus dijo...

Aish... qué mal rollo...

Ni suicidas, ni asesinos. Pero qué es esto? Que los días felices pasan demasiado rápido como para jugar a eso!

Reithor dijo...

igual es que ya pasaron todos los días felices...

Carlos dijo...

Hasta que la muerte resulta tan lejano pensar en ella que hasta el miedo conserva esa esperanza.
Pero una vez se cruza la línea...

En realidad ese muro no existe, sí que se tiene opciones, pero posee el ser humano ese orgullo que siempre deja a la muerte en segundo lugar. Y a ella eso le da igual.

Es una escena, probablemente de segundos, pero con el contenido de ambas vidas, de una época magnificamente comprimidos en ella.

Un abrazo!

Reithor dijo...

Epa, gracias Carlos, otro abrazo para ti. Siempre sabes encontrar el lado positivo, impresionante :)

Elianne dijo...

Pues vaya fiasgo! :(

Violetcarsons.

Yandros dijo...

El que a hierro mata...
Buen cuento compañero!