miércoles, 12 de agosto de 2009

Montoya



Las palabras sonaban raras en aquella voz aguda que intentaba aparentar ser grave. Mientras danzaba por la habitación en supuestos pasos expertos de esgrima, el rapaz, ostentando un pijama que se le empezaba a quedar pequeño, disfrutaba recreando la película que había visto aquella tarde. Saltando sobre el gastado sofá, descargando una energía que tanto desgastaba a sus padres, se lo pasaba en grande.

Y todo esto lo veía ella desde el marco de la puerta, sin que el pequeño Mario se diera cuenta. Sostenía una de esas horribles muñecas con la que la agobiaban sus tías cursis. No le gustaban nada, sobre todo cuando lo comparaba con aquella película que ponía a su primo a actuar, transportándole a ese mágico universo de fantasía donde se transformaba en un "matachín" de sofá casero, en busca del hombre de los seis dedos que mató a su padre. Y que se daba a la bebida, como veía ahora al bueno de Mario, que acababa de recordar aquella escena. Noelia abrió sus grandes ojos azules, y sin hacer caso a los rubios cabellos que le caían frente a la cara miró a la muñeca que sostenía en la mano. "Maldita muñeca... yo también quiero jugar a ser un aventurero". Así entró en la habitación, con algo de timidez ante la acción de su hermano, tan pasado de revoluciones, y con cuidado que la espumadera que tenía por florete no le hiciera marca al estilo de un matamoscas.

Mario se dio la vuelta, y la vio.

-Hola Mario, quiero...

-Hola, no soy Mario, sino Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir.

Noelia se sintió extraña, y la timidez se apoderó de su corazón. Como si fuera una película mala, mucho peor que la que ayer marcó a su primo a este punto, recordó la de veces que su tío se había lamentado de que su hermana muriera en el parto de Noelia. Nunca la había visto escucharle, pero ella lo sabía; le había escuchado. Pero ¿era culpa suya?

-... jugar... contigo

-¡Pues prepárate a morir, reconozco en tu mano que tú mataste a mi padre! Soy Íñigo Montoya, tu...

-Yo no maté a tu padre. Si vamos a jugar juntos, debería ser otro personaje.

Por un momento, Mario respiró, y se detuvo ante aquella paradoja. Sólo quería utilizar su espumadera-florete contra algo, o alguien, ya que el cojín naranja del sofá que tanto gustaba a su madre se había tornado aburrido.

-Entonces, serás Buttercup, la princesa tonta.- Mario se mostró altivo, como siempre con ella. Era más pequeño, pero con ese carácter, cualquiera le discutía...

... pero ¿¿¿Buttercup??? ¿Acababa de aparcar la muñeca tonta, para ser Buttercup?

-No, seré el pirata Roberts. ¡Rescátame y dame la pócima para resucitar!

Mario dudó. Pero le pareció entretenido, al fin y al cabo el pelo rubio también valía

-Ahora te rescato, pirata Roberts, ¡cuando acabe con el conde que mató a mi padre! ¡Me llamo Íñigo Montoya, prepárate a morir!

Y Noelia se hizo el pirata Roberts moribundo, necesitando la pócima. No se habían dado cuenta de que había llegado el padre de Mario, y se había quedado anonadado viéndolos jugar. Y la Barbie tirada por el suelo. "Es increíble, qué rápido solucionan sus conflictos los niños", sin pensar por qué era aquello.

Otra oportunidad perdida de entender el camino a la felicidad, esa que tenía delante y no distinguía.

PD Para la siguiente meto a Viccini

4 comentarios:

Emma Grandes dijo...

Hola!

Un buen relato, sí señor. Muchas veces, la fecilidad se escapa de tus manos sin saberlo.

Es triste tenerla delante tuyo y no verla, pero peor aún es verla y no saber disfrutarla.

Enhorabuena ;-)

Un saludo!!!!

Elianne dijo...

Eso lo he leido en alguna parte...es de algún libro?

Sobre todo el comienzo ...

Vc.

Reithor dijo...

Pues que yo sepa no... aunque la frase de iñigo montoya es de la princesa prometida. Es la frase del cuentacuentos esta semana (se va por el link).

Un saludo

Diego Escudero dijo...

Muy bueno. Lo que más me gusta, es como la niña rompe con los estereotipos, y hace lo que realmente quiere.

Un saludo