lunes, 15 de junio de 2009

Errores



Hacía una semana se le había diagnosticado una enfermedad terrible, el Síndrome de Klizpovitz-Modzylklowsky, tan extraño que no salía más que en algún remoto libro de medicina escrito en búlgaro. Pronosticaba nada más y nada menos que unos meses de vida para mi pequeño, y entre los síntomas destacaba una hiperactividad causada por el exceso de oxígeno bombeado en su sangre. Todo su sistema eritropoyético se había transformado en un tumor que formaba un ciclo hiperactivo-degenerativo, consumiendo todos sus recursos. Además, la única manera que encontraba el cuerpo de almacenar tales excesos era hacer crecer los huesos, y el ritmo era tal que sucedía un drenaje de fluídos y una osificación total del cuerpo.

Sin entrar en detalles, me encontré con que ningún hospital ni médico estaba dispuesto a responsabilizarse. Mi pequeño no paraba, todo el que le rodeaba estaba ya agotado, y habíamos extenuado cualquier posibilidad a nuestro alcance. A esta situación llegamos tras haber luchado con la aseguradora, pero por supuesto no cubría el extraño mal. Solo catarros, como siempre. Mucho "el país más grande del mundo", pero a la hora de la verdad, no te cubren. Con el culo al aire, tocó vender. Vendimos casa, coche, muebles, todo. Acabamos en casa de mi cuñada, quien nos quiso echar tan pronto descubrió los voceríos incesantes del crío. Así que no quedó otra opción que recurrir al oscurantismo.

Me adentré en los barrios bajos de la ciudad, yendo directo, cabizbajo y sin buscar problemas hasta un destartalado caserón; allí me esperaba una familia de gitanos búlgaros con los que había entramado contacto unos días antes. El patriarca no parecía hablar inglés, ya que uno de sus nietos actuaba como traductor. Les conté todos los síntomas que mi hijo presentaba, y tras ser traducidos a aquella extraña lengua, el patriarca me miró con fiereza, se levantó de su silla con más energía de la que cualquiera pensaría que tuviese un ser tan anciano, y habló, diciendo que no iba a malgastar su poder en un extranjero. Me di cuenta de que aquel anciano sabía cómo mejorar la situación del pequeño, así que sin pensarlo imploré, supliqué y mendigué cualquier ayuda a aquel desconocido. Allí quedó mi orgullo, vendido, casi regalado. Pero no fue suficiente.

El patriarca quería más, rápidamente entendió que me tenía a su merced y haría cualquier cosa por unas migajas esotéricas que sanaran a mi hijo. Cambió de actitud para embaucarme, y accedió a acompañarme allá donde estaba el foco del problema. Accedí, y les conduje a casa de mi cuñada, quien ya dormía cuando llegamos.

Al llegar, comenzó a dibujar símbolos arcanos en las paredes, destrozándolo todo. Golpeó con su bastón en el suelo tres veces, hablando de nuevo en aquel lenguaje desconocido con autoridad y poder. De repente, el suelo se abrió ofreciendo llamas y lava, y unas zarpas se agarraron al suelo para impulsarse fuera de aquel foso infernal. Nada más enfriarse, tomó aspecto humano, hermoso, pero con una mirada malvada que relucía bajo unas lentes circulares más decorativas que funcionales.

- Así que quieres salvar a tu hijo, a cualquier precio...

- Sí- respondí.

-Tendrás que darme tu alma a cambio-

Al no ser yo creyente accedí, a pesar de los paranormales fenómenos recién acaecidos. Con una risa maligna, extrajo mi alma de mi cuerpo y la dividió en dos. Una parte, la mayor, se la guardó en el bolsillo interior de su impecable traje blanco. La otra la guardó entre las manos, hizo una bola de poder que arrojó sobre mi hijo, quien sanó al instante.

-Gracias-dije.

-Gracias a ti.

Y con un grácil salto, se arrojó de nuevo al foso.

De repente, me sentía vacío, sin razón, y hambriento. Sólo distinguí a mi hijo, postrado, descansando al fin de su hiperactividad. Toda mi atención la acaparaba el trozo de mi alma en su interior, el resto del mundo aparecía gris. Lo necesitaba, tenía que recuperarla... así que até a mi hijo, exhausto, a las barras de la cama. Rasqué y arañé su piel, intentando arrancar mi alma y recuperarla, sin éxito. Sin poder controlarme empecé a morderle en el pecho, camino de su corazón, donde veía ese brillo que necesitaba para vivir. Y no pude detenerme, sólo pude devorar a mi propio hijo mientras aún estaba vivo, hasta conseguir arrancar su corazón y comérmelo también, recuperando así parte de mi propia alma. Sólo en ese momento vislumbré un mínimo de cordura, para descubrir que no me quedaba nada.

Ni siquiera el honor de haber protegido a mi familia.

15 comentarios:

Virginia Vadillo dijo...

Ustia.................

...

Reithor dijo...

anda que no escondes es link... "Ustia" ¿es bueno, malo, repugnante, yatevale, te has salido, te has pasado? No entiendo la crítica XDD

Sara dijo...

Me asaltan las dudas... ¿ese síndrome existe? ¿O te has inventado el nombre, síntomas y demás? Porque si te lo has inventado, eres mi ídola! que imaginación...o_o
Te ha quedado genial la historia, fantasía y realidad mezcladas. ¿Quién no daría su alma por un hijo?

Reithor dijo...

que yo sepa no existe, me lo he pseudoinventado todo (Modzyklowsky es el director del departamento de biología donde trabajo, y seguro que lo he escrito mal) :D

Muchas gracias, me alegro que te gustara. En cuanto a la última pregunta, pues no se...

Angelical dijo...

A ver, por partes. Me gusta la historia, incluso ese final que nos hace retornar a un nuevo principio. La parte del chamán (o lo que sea) es coherente, por lo tanto, creíble, peeeeero la primera parte no me entra. Hay palabras que me suenan mal por muy técnicas que sean, como "sistema eratropoyético" y son cosillas que no perdono como lectora: si existe deberías haberla explicado y si no existe deberáis haberte inventdo también lo de la explicación. Y lo de que todo venga por un exceso de oxigeno en sangre tampoco cuela jajjaja. La próxima vez busca una enfermedad acorde con lo que necesitas, te resultará mucho más fácil convencer, o si no, no te pares en explicaciones que confundan: la nombras y dices los síntomas que afectan al relato y punto pelota.
UOOO creo que es la valoración más larga que he hecho nunca en un blog XDD
Besos.

Reithor dijo...

De nuevo la fusta angelical se cierne sobre mis humildes textos XDD Los tecnicismos vienen de la deformación profesional, y oye, que yo dejé de ver CSI por su poco rigor científico... pero mucha gente siguió viéndolo ;) Algo se podrá hacer con esa intro. Solo estaba experimentando.

Un besote casto y puro

Reithor dijo...

Ah, un detalle. Eritropoyesis. Que me invente un síndrome no quiere decir que me invente palabras...

Esther dijo...

¡Qué horror!

Y es que a veces la desesperación puede llevarnos a perdernos en un túnel muy oscuro, tanto que no sabemos si nos volveremos a orientar otra vez.

Saluditos.

*Sechat* dijo...

¡Apabullante! Yo que me las prometía felices con un final más o menos feliz y de repente le das ese giro de tuerca que parecía impensable. ¡Genial, pero muy duro!

Carlos dijo...

¡Buenísima historia!
El camino que parte de la tragedia y como boomerang retorna a ella en un giro espectacular en donde es fugaz el momento de lo que se espera para desaparecer en manos de un inesperado y brillante final!
Trágico, pero espectacular.
Un abrazo

Reithor dijo...

Es cierto, la desesperación suele ser mala consejera (y letal). Pero entre la espada y la pared... se recurre a lo impensable, no hay otra salida.

El giro final, ya se sabe, no hay que hacer tratos con seres extraños que salen de cavernas llameantes. Se pierde siempre :)

Muchas gracias a todos.

tormenta dijo...

Pues yo me lo he pasado teta! :P sobre todo a partir de la mitad del texto. Lo has contado un poco rápidito quizás, si te hubieras detenido más en algunos detalles, en retocer un poco las sensaciones, habría quedado brutal.
Un saludo.

Reithor dijo...

Retorcer sensaciones es mi especialidad, cuando saque un ratín inflo el texto :) ¡Gracias!

Expresarse es gratis dijo...

Realmente bueno. Oye, me tendre que guardar la dirección de este blog, me encantan los relatos que escribes, y además, esta lleno de enlaces a otros blogs. Tal vez el tipo de tu historia no debería haber subestimado al mas alla. ver emerger una criatura llameante de un pozo de magma deberia ser suficiente para volver creyente al más ateo. Un saludo.

Reithor dijo...

Nada, bienvenido y guarda guarda :) El tipo de la historia está cegado en lo suyo, así que malamente...