miércoles, 6 de febrero de 2008

Shi Nia Ho, Happy New Year...



Vamor a comenzar con este entrañable tema, que tantas veces, con la sorna y mofa propia de la amistad y sin carga de maldad, me han dedicado ciertos compañeros y amigos (des)entrañables... y es que no pude faltar a una de las fiestas del año, el año nuevo chino. Siendo el 50% de mi laboratorio originario del este país que supone el 20% de la población mundial, y la consecuentemente muchos de mis amigos durante mi exilio americano, había que asistir a ver la perspectiva, el dragón humano rezumando fuego por las fosas nasales y demás eventos que sacan en las noticias de la 2 por estas fechas.

El caso es que nos reunimos unas 100-150 personas (1.5% de la población de Potsdam NY), casi todos chinos. Manteniendo el inglés fundamentalmente, no estuvieron exentos los comentarios en mandarín y cantonés, por supuesto; y me tuve que aplicar en las tres frases que conozco en cada uno de estos idiomas (y los tacos, que como todo buen neófito aprendí al principio, pero no utilicé por respeto a estos señores tan pendientes del honor a pesar de su extendido aliento letal). Nos juntamos al grupo de Lili, Zhou (chochín) y Ward, que además venían con una pareja que está siempre jugando al badminton (el indio y ella china), y Sang (léase Sun). Empezamos por los snacks y los postres, todo junto, pipas extrañas, pipas normales (Las normales, como todos sabemos y Ward me recordó, son las que dan a los hamsters. Como en casa), patatas fritas y doritos junto a una tarta de calabacín, un par de ellas de chocolate y un postre de manzana asada con pasas y edulcorantes naturales a mansalva. Dimos buena cuenta de los entrantes y el postre, todos chungos ya que los cubiertos eran de plástico y solo tenedores, odiados por los occidentales y difíciles para los orientales que curiosamente no compraron palillos. Será por el dinero, ya que la mayoría de ellos son de esas zonas donde el agarre y amarrategui son una generalidad. Cosas de haber sido comunistas hasta antes de ayer.

Tras saludar a Juan, un chaval ecuatoriano que conozco y andaba por ahí a la comida abundante y a precio de saldo ($3.00 de la entrada) pasamos a dar cuenta de la cena tradicional china de año nuevo. La espectación era total, a sabiendas de lo diferente que es la cocina casera (como era el caso) de la de restaurante chino en España. Se generó una cola bien larga, que no sufrí dado que la fortuna nos sonrió con una posición aventajada para recoger el alimento. Este estaba compuesto, según la tradición, de 5 platos diferentes: alitas de pollo como al ajillo pero con especias más fuertes, pollo picante (la madre que lo parió) acompañado de una raíz no identificada con forma de seso, vegetales rehogados y/o cocidos, un arroz a elegir entre blanco, con verduras o con judias, y una sopa a elegir entre dos. Bueno, pues la sopa, aunque un poco pasada de sal, resultó la única comida caliente. Y no hay nada peor que un arroz frío, pero nada de nada, se tornó decepción el menú... Melina se lo dejó de hecho, y yo, que tras múltiples escapadas de senderismo he llegado a comer cosas que harían vomitar a un buitre, hice acopio de habilidades de antaño y quedé como un señor. Más tarde, los compañeros chinos tras preguntarnos qué tal la comida y decir "bueno, no está mal, es otro punto de vista gastronómico, etc" dijeron "na, a mi no me gustó". No somos tan diferentes, al fin y al cabo.

Acto seguido, pasamos a la celebración. Hubo dos chouman, uno que hablaba mandarín y otra que hablaba cantones, y no me enteré de nada de lo que dijeron. Me explicaron que iban a donar los $3.00 x 100 ó 150 a China ya que ha habido unas heladas que les han cogido desprevenidos, y no tienen anticongelante en los coches y se les ha atragantado vamos. Hubo diversas actuaciones con una guitarra, una negra (la única que había de hecho) se cantó una canción, con una voz de esas que hacen temblar los cristales; en inglés claro. Un chino se cantó la peor canción de metallica, que no buscaré ni enlazaré, ubicada en el disco Load; y otro tema que desconocía. Además, otro chino diferente cantó una canción en chino, en plan karaoke, y muchos siguieron entonándola. Entendí que era algo así como el bisbal oliental. Y pasamos a los juegos. De los tres que hicieron, por cuestiones idiomáticas, solo pudimos participar en un juego maravilloso: las sillas. Consiste en que ponen música (china, para que no sepamos cuando acaba) y al dejar de sonar, sentarse o empujar a quien tienes al lado para quitarle el sitio. De nuevo fui educado y no abusé de mi sobrenatural estatura relativa, ni de mi super-sobrepeso relativo. Así me fue, que me eliminaron pronto. Como es natural, ganó un prepubescente. También hubo una especie de pictionari, que ponian un caracter en la coronilla de unos chinos sentados, y otros dos tenían que explicar qué signo era sin mencionarlo. El colofón fue el juego de pasarse una fruta de boca en boca, eso sí, por el tema del honor y demás, todos con un palillo chino en la boca y sin contacto alguno. Aún así fue el colofón.


Velada tranquila, entretenida e intercultural... posiblemente me faltó mucha de la magia que para todos ellos tiene, desde pequeñitos, tan señalada fecha. Y seguramente en beijing no sea como en potsdam, no me queda más que imaginar que el año nuevo chino en potsdam es al año nuevo lo que el jamón serrano en potsdam al jamón serrano. Si hasta lo llaman prosciutto.

Shie Shi.

5 comentarios:

ai dijo...

que divertido!!!!! :)

sacra21 dijo...

Vaya, cómo se celebra el año chino. ¿Es cierto que no había ningún chino viejo ni ninguno con sobrepeso? ya sabes, leyendas urbanas xD

Reithor dijo...

había un chino viejo (+60) y ninguno con sobrepeso. De hecho, con el viento que sopla, yo flipo con que haya chinos en general y no se los haya llevado...

Miriam dijo...

ME HUBIERA ENCANTADO ESTAR CON VOSOTROS........OS QUIEROS!!!!!!!

Javi, your friend

Reithor dijo...

gracias Miriam :) Te esperamos en Potsdam para celebrar el año nuevo