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hacía mucho tiempo que las puertas del infierno no ardían a muerte; pero mucho, muchísimo más que no se congelaban. Y eso es lo que sucedió cuando, con una Les Paul entre los brazos, Gary le dio al picaporte. La escarcha se esparció, todos se volvieron a ver quién era, y solo se vieron unos rizos dejando fluir el Blues más allá de sus puntiagudas orejas.
De entre la multitud, Phil dio un paso al frente y le dio la bienvenida... los chicos estaban de vuelta en el pueblo. Qué envidia, con qué música les deleitaréis. Aquí te echaremos de menos, Maestro.
1 comentario:
Siempre sucede con ellos, esa metamorfósis de cuerpo a música.
Ahora es música.
Un abrazo quillo
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