sábado, 31 de octubre de 2009

Truco o trato



Era un día como otro, de esos de pasar página mientras los cristales lloran de miedo por los relampagos. La tenue luz ya habia dado un par de avisos bajo su pantalla color sepia, amenazando con dar por cerrada la sesión de entretenimiento antes de tiempo. Pero daba lo mismo, el libro había pasado de la intriga y suspense iniciales a la ansiedad, el terror, y llegar al alivio de cuando todo haya pasado. Literalmente estaba devorando la tinta, línea tras línea, sin hacer caso del diluvio apocalíptico que amenazaba a través del frio vídrio. El oscuro gris del cielo se iba apagando poco a poco: la noche estaba cayendo. Dentro de poco empezarían a llamar a la puerta los pequeñajos disfrazados, pidiendo el truco-trato, rogando por chocolatinas en su mal disimilada pose aterradora.

Mientras, no podía separar sus ojos del libro. Llevaba dos días sin dormir con tal de terminarlo, pero las páginas parecían reproducirse más rápido de lo que él podía leerlas. La historia nunca terminaba, ni siquiera se resolvía al avanzar, cada vez todo se entramaba más y más; lo que indudablemente guiaba a un final magistral donde aparecerá la última pieza que haga encajar la historia. Si, era el mejor puzzle literario que había leído nunca. Historias organizadas, paralelas, entrecruzadas, sin sentido... todo en uno, esperando de esa frase maestra que encumbre al autor del mugriento libro.

Los ojos le empezaban a doler, pero según iba avanzando, las páginas iban adquiriendo un tono de fondo, primero rosáceo, y más adelante rojo pálido, para acabar, cientos de páginas más adelante, siendo páginas completamente escarlata. Según iban avanzando las tramas sinfónicamente, en perfecta armonía, aquél efecto de color era la guinda al desarrollo de la cautivadora historia.

Tan ensimismado estaba en la obra, que no oyó el primer timbrazo. Fuera estaban las brujas de Hunter, quienes se habían visto obligadas a cambiar sus escobas por paraguas. Estaban esperando la generosidad del profesor de literatura, célebre desde hace años por dar los mejores dulces del pueblo. Tras llamar varias veces, viendo que había luz, las pequeñas se preocuparon.

La mayor de ellas aporreó la puerta, dispuesta a no dejar escapar las chocolatinas. No se oyó más que el chirriar de la puerta al abrirse, sorprendentemente abierta a pesar de la lluvia. La bombilla tililaba tras la fantasmal protección de su pantalla sepia, cada vez más cerca de fundirse. Pero aún permitía ver a alguien sentado en una butaca, con la mirada clavada en un pequeño libro, sin pasar páginas, sin moverse, se podría decir que sin respirar.

Entraron, sintiendo cómo el corazón se aceleraba. Iban apretadas, juntas, como si así pudieran sentirse menos envueltas con aquel manto lúgubre que reinaba en aquella fría morada. Al llegar al salón, el horror invadió sus rostros, escapando por sus gargantas en chillidos estridentes y agudos, cuando no pudieron soportar la visión del profesor, con los ojos ensangrentados, inmóvil; señalando un punto del libro sin poder separar la vista del mismo.

Desde las escaleras bajó un elegante caballero con capa, sombrero de copa, bastón y varios libros en la mano. Desde su diabólica sonrisa, invitó a las pequeñas a escoger uno de sus libros, con un hipnotizante y letal poder de convicción: "No hay truco, pero hagamos un trato".

3 comentarios:

Neus dijo...

Ni de coña me pongo a leer ahora... xDD


Pero jopeeeee... yo quería Halloween... snif, snif.

Esther dijo...

¡Qué historia más chula! Me encantó y te felicito :) Qué miedillo que es como que me entra, con todas las cosas que voy leyendo ahora. ¡Menos mal que Halloween ya ha terminado! XD

Saluditos.

Carlos dijo...

Mira que parece inofensivo un libro, tan quietecito, con sus hojitas bien remetidas dentro de las tapas. Pero... :)

Fantástico relato! En el unes la tradición, la leyenda, con su principal medio de transmisión, el libro. Una unión sangrienta.

Un abrazo! X cierto el nuevo anillo de los Lakers ya está horneándose :)