jueves, 8 de enero de 2009

Antes del teléfono


Tenía la mirada perdida y la memoria recreándose cuando el primer copo se paseó sin vergüenza alguna por el punto justo en el medio plano, saludando, avisando que era el primero de muchos. Dejando sus anhelos en el tintero de los sueños y haber aparcado la pluma de la imaginación, comenzó a volver en si, solo para darse cuenta de que se avecinaba tormenta. Sin más demora se levantó y comenzó a andar hacia casa, aún disfrutando de esos sueños que empezaban a emborronarse de realidad, a difundirse y difuminarse, retrayéndose a su guarida en lo más profundo del subconsciente con un último saludo, apagando la luz y cerrando la puerta hasta la siguiente ocasión. Sin darse cuenta, ya subía las escaleras, y la nieve se estaba apoderando de todo el suelo haciéndolo suyo, blanco hasta que los zagales decidiesen que bastaba de claustro y salieran a jugar dejándola sucia, gris, y marcada a cada paso o salto.

Abrió la puerta, y al encender la luz se fundió una bombilla. Había otras lámparas, pero ese sutil contratiempo unido al haber visto interrumpidas sus divagaciones le irritó, momentáneamente. Una vez quitadas las botas, el chaquetón y tras comprobar que la calefacción no estaba obstruida -la necesitaría viendo la noche que se avecinaba- fue a buscar el recambio. Lo encontró, pero la sorpresa fue otra; descubrir que en la visita anterior alguien le había dejado allí una sorpresa. Atemporal, eterna, esperando el momento en que coincidiera por allí; un motivo más para merodear en los rincones de la memoria y que brote una sonrisa melancólica en medio de su faz.

Con sumo cuidado la abrió, saboreó cada verso, cada frase; olisqueó la tinta en busca de algún rastro de su fragancia o meramente su olor natural (sin éxito). Leída y releída, casi memorizada, la carta le cambió el humor y el buen sabor de boca le echó un cable para pasar más tiempo en ese exilio, esos tiempos de lejanía, donde las treguas son pocas y los apoyos muchos menos. Si existiera una manera de comunicarse en tiempo real con el otro lado del mundo... "ya estoy fantasiando otra vez", pensó, mientras inconscientemente su dedo se deslizaba, sin mirar por donde, pero en perfecto orden sobre cada palabra.

Al tumbarse y querer leer por vez última antes de dormirse, bien protegido de la tormenta, las tan pronto gastadas hojas comenzaron a brillar entre sus dedos. Podría ser el reflejo de su sonrisa, bien crecida tras el inesperado y agradable hallazgo, pero no: el papel se transformó primero en espejo y luego en un aro de profundidad infinita. Al acercar su rostro lo atravesó, y se encontró frente al rostro de ella, dormido, descansando en paz en el otro lado del mundo. La acarició sin despertarla, y apartándola el pelo de la frente la besó tiernamente en la mejilla. No se inmutó, la paz del descanso no se vió alterada por el salto dimensional.

Comenzó a dolerle la cintura, y al mirar vió que el aro se estaba cerrando y amenazaba con cercenarle en dos. Telepáticamente supo cómo evitarlo, para mantenerlo abierto debía evitar la nostalgia y potenciar su creatividad, dar rienda suelta a su mente y escribirlo todo...
Según lo imaginó, se encontró en posesión del papel y la tinta necesarias. De inmediato plasmó, palabra a palabra, todos los deseos atesorados, todas las añoranzas, ilusiones y escenarios. En poco rato acabó, habiéndose abierto de nuevo el aro, satisfecho de cómo se las había ingeniado el novato. Lo metió en un sobre, lo cerró y se lo dejó bajo el montón de ropa en el cajón que, para finales de semana, se acabaría y allí encontraría su respuesta.

¡Hora de volver! Escritas quedaron para siempre las más bellas palabras de amor, que ni el tiempo ni la distancia borrarían, sino que se fundirían con cada brisa y cada rayo de luz para darse a conocer allá donde un corazón enamorado lo quiera encontrar.

9 comentarios:

telémaco24 dijo...

es curioso lo q hace el paso del tiempo... el otro día ordenando la habitación descubrí cosas que escribía en mi época de adolescente, cuando te despertabas de madugrada o no podías dormir y algo te preocupaba...
Ahora manda un mensajito y casi siempre alguien responde, y al hablarlo ya no lo escribes...

kel dijo...

Yo hoy ordenando las maletas he encontrado una piruleta que me ha sacado una sonrisa enorme :)

Cuchufletas en Vinagre dijo...

¡nieva en madrid!

Reithor dijo...

telémaco, menos petroleras y más de telefonía, deja los sms y recupera tu autonomía cerebral :)

Esa piruleta roja es como los caramelos azules, que ya lo se yo.

Con que nieve eh? Si queréis mas tengo de sobra, como medio metro cúbico por cada metro cuadrado

Gusiluz dijo...

Reithor, podría repetirte todo lo que siempre te digo sobre tu forma de escribir, pero resultaría pesada, ¿no?
Solamente esta vez añadirte que sí que me has dado de lleno en el gusto, que lo metaliterario me atrae mucho, así que por ahí te ganarías una lectora.
¿Para cuándo la revisión del druida? ¿Para cuándo una colección de relatos?
Venga porfaaaaaaaaa
:-)
Besos!

Reithor dijo...

Has conseguido que pinche en tu nick para ver quien eres, aunque me lo temía :)

Los halagos fuera de la familia escasean, así que no resultarías nada pesada, al contrario, anima a escribir más. La revisión está en camino, la colección de relatos para cuando tenga el Ramón y Cajal (o me quede incomunicado por la nieve, algo harto frecuente en estos lares y no esporádico como os pasa allí). De hecho, tenemos que hablar sobre dicha revisión :)

telémaco24 dijo...

ahí es distinto Marcos, entre otras cosas pq usa tiene reservas petrolíferas pronto y la carga de impuesto es diferente, eso permite más compañías, lo q se traduce en más competencia y menores precios.

En españa realmente hay muy poca competencia repsol, campsa, petronor son la misma, cepsa es la otra grande y se llevan muy bien y shell, bp, y las demás apenas tienen cuota como para poder hacer mucho...

Son unos ladrones...

Gusiluz dijo...

Soy toda ojos y oídos si de revisiones se trata ;-)

Reithor dijo...

vale vale, ya te quejarás ya...