viernes, 19 de septiembre de 2008

Lutecia



El cielo es el techo azul de la ciudad de las luces, y el sena la alfombra "azul" que decora, como si de una banda de Miss cruzando su cuerpo se tratara, el lugar de partida de todas las cigüeñas cargadas y el amor reside. El caso es que azul me resultó, ya que allá donde miré, todo salía reflejado en tan magnífico color durante los dos días que he pasado allí. Como siempre, pasear, empaparse de las calles de la ciudad, ha sido lo mejor. Mucha arquitectura, mucho monumento muy espectacular, mucha historia atrapada en sus alrededores como el lugar donde ardió el último gran maestre de la orden de los templarios (Jean-Jaques de Molain), y toda la revolución francesa que cambió Europa en su momento.

Pero entre tan rimbombantes lugares y célebres museos, me quedo sin lugar a dudas con las escaleras que suben al sagrado corazón, su iluminación, y el duende que desprende pararse ahí a probar el sabor romántico de los relatos atrapados y no contados que cada noche se suceden, escondidos, queriendo ser contados. Pero no aquí, ni por mí, que con dichos relatos nada tengo que ver; y si lo tuviera no es éste el lugar adecuado.

2 comentarios:

Josefina dijo...

Tienes razón, Reithor, no sé que tienen esas escaleras que las convierten en el lugar más mágico de todo París. Te deseo lo mejor para el otoño rojo del Este.
Besos....

Reithor dijo...

será que hay que parar a mirarlas... Muchas gracias, a ver que tal, de momento estamos a 20º de dia. Las noches ya son otra cosa.